ABRIL 15 de 2022

DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN

Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su madre

V /. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jn 19, 25. 38-40

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena… José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos.

En esta estación vamos a contemplar la realidad de la ENFERMEDAD

Señor, tú estuviste cerca de las personas marginadas y separadas de los demás por la enfermedad: ciegos, cojos, leprosos… te buscaban, Tú los encontrabas en tu camino. Tú eras su esperanza, en Ti encontraban la salvación. No te importó que te vieran con ellos, Tú buscabas y veías más allá: «tu fe te ha salvado» (Lc 17,19). Tu mirada se encontraba con los ojos de esas personas que

reclamaban tu atención, «esa mirada que contempla al otro como un fin en sí mismo» (AL 128), y les ponías de nuevo en camino:

«¡Levántate y anda!». (Mt. 9,5)

Hoy también la enfermedad nos sigue marcando como diferentes y queremos ver los mismos milagros de entonces; pero te descubrimos a ti como fuerza en la debilidad, sosteniendo y alentando la vida de muchas personas con enfermedad, dando la dignidad de hijo (de hijo amado) a cada persona, acompañando el sufrimiento de cada uno de nosotros y dando un nuevo sentido a nuestras vidas: ser testigos de tu amor, estar comprometidos con la vida y con los hermanos, cuidar del más débil entre nosotros…

Al Dios de la vida, en el cual tenemos puesta nuestra fe, le pedimos que nos ayude a ser testigos de los milagros que necesita hoy nuestro mundo: milagros de fidelidad, de misericordia, de generosidad, de comprensión; milagros de fe, de amor, de transformación, de vida cristiana; milagros de vida feliz y esperanzada a pesar de la enfermedad.

V /. Señor pequé.

R /. Ten piedad de mí y de todos los pecadores.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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