ABRIL 15 de 2022

SEXTA ESTACIÓN

Verónica limpia el rostro de Jesús

V /. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Is 53, 2-3.7

No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

En esta estación vamos a contemplar la realidad de la VIDA CONSAGRADA

El rostro de Cristo paradójicamente se hace más hermoso con el sufrimiento porque ahí resalta más todavía el amor sin medida de Dios por nosotros. La contemplación de este rostro, humillado y ultrajado, ha movido siempre a la vida consagrada a entregarse al servicio de los demás de las mil maneras posibles que ha encontrado la fantasía de la caridad. «Aquel que contempláis en el Santísimo Sacramento es el mismo que atendéis en los pobres», decía Santa Teresa de Calcuta a sus hijas. También los que han sido llamados a la vida íntegramente contemplativa levantan sus brazos en presencia de Dios, día y noche, en favor de todos sus hermanos, los hombres.

Pero también debemos reconocer que no siempre somos fieles a la alta misión que se nos ha confiado, que el celibato al que hemos sido llamados «corre el peligro de ser una cómoda soledad que da libertad para moverse con autonomía, para cambiar de lugares, de tareas y de opciones, para disponer del propio dinero, para frecuentar personas diversas según la atracción del momento» (AL 162), como dice Amoris Laetitia, en vez de ser el estímulo que nos lleve a amar más y a amar a todos.

V /. Señor pequé.

R /. Ten piedad de mí y de todos los pecadores.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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