ABRIL 15 de 2022

TERCERA ESTACIÓN

Jesús cae por primera vez

V /. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Is 53, 4-6

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

En esta estación vamos a contemplar la realidad de los Matrimonios Rotos- Violencia

El peso de la cruz y el castigo recibido se hace patente y Jesús cae al suelo. No pesa sólo la cruz, pesa el abandono de sus amigos, el desprecio de la multitud, la tristeza de ver sufrir a los suyos, la rabia de la injusticia de padecer la violencia de los poderosos. Jesús cae y el sueño de hacer presente el reino de Dios ahora parece sólo un juguete roto, un fracaso más. Como otros tantos fracasos más de la historia. En esa caída podemos ver a tantos matrimonios rotos que acaban en reproches, dolor o violencia. Están también los hijos, primeras víctimas de la ruptura matrimonial, utilizados a veces como moneda de cambio. Y también las mujeres maltratadas, verbal, física o sexualmente.
¿Cómo puede el amor trastocarse en odio, la felicidad en un infierno?
Por eso en esta caída también vemos a tantos matrimonios que tienen “la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio.” (AL 41) Matrimonios que pueden caer en la rutina o el desencanto, pero se levantan, se miran a los ojos, se curan las heridas, fortalecen su amor y siguen luchando por su relación.
Nuestro testimonio de matrimonios cristianos no es un modelo de matrimonio perfecto e ideal, sino de personas imperfectas que abrazan las diferencias, afrontan los problemas y se hacen responsables de seguir apostando por levantarse tras cada caída. Como Jesús, que lleva la meta en su corazón y movido por esa fuerza que da el amor incondicional, sigue adelante. Paso a paso. Pero firme y decidido a andar el camino de la vida con todos nosotros.

V /. Señor pequé.

R /. Ten piedad de mí y de todos los pecadores.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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